Archivo

Posts Tagged ‘Fernando Sabater’

Tú tienes el poder de acción

Caricatura cortesía de: http://www.ddhhcolombia.org.co/node/202


¿En qué consiste la libertad? Con esta interrogante, el filósofo español Fernando Savater, inicia su libro denominado: “El valor de elegir”. Sin duda que no será solo la pregunta de Savater, sino la de muchos, en la que me incluyo, ya que en el transcurso de mi vida han sido varias las ocasiones en que mi mente ha divagado buscando el significado de la tan añorada palabra.

Ahora bien, el filósofo nos plantea varias preguntas en referencia a este tema:

“¿Existe realmente la libertad? ¿Es algo que tengo antes de saberlo, algo que solo adquiero al saber que lo tengo o algo que para tenerlo debo renunciar a saber con precisión qué es? ¿Soy capaz de libertad o soy libertad y por ello capaz de ser humano?”.

Como él mismo lo manifiesta son muchas incógnitas por despejar, las mismas que, aparentan ser un dilema sin fin…

Comparto el criterio de Savater, quien expresa que “libertad ha sido uno de los conceptos históricamente más sobrecargados”. Sin embargo, me gustaría añadir que, a causa de dicha sobrecarga, el tema de la libertad ha sido manoseado por quienes han tenido o buscan tener el poder social. Para muestra basta un botón, dice un conocido refrán popular. Y es que sin irnos muy lejos en el tiempo y, peor aún, salir de nuestro territorio podemos observar el continuo y despistado debate acerca de la libertad de expresión en el Ecuador, el cual tiene a dos poderes en disputa por arrebatarle el poder al otro: La guerra medios de comunicación vs Gobierno.

En esta batalla, forjada hace aproximadamente tres años, momento en que llegó a la presidencia de la República Rafael Correa, tanto medios como gobierno han recurrido al ultraje constante de este término. De este modo, como menciona el escritor, la palabra ha tenido diversas variantes y ha sido empleado desde distintas aristas, ya sea para:

“Designar las condiciones sociales de quienes no padecían esclavitud o de los ciudadanos de las polis no sometidas al arbitrio de otras, así como para nombrar la capacidad del alma de rebelarse o acatar la Ley de Dios, para celebrar la ausencia de coacciones del sujeto agente, para señalar derechos políticos o económicos, para ensalzar la creatividad del artista y para distinguir a determinadas naciones del mundo sometidas al capitalismo de los particulares de otras que sufren el capitalismo del Estado, etc., etc…”.

No obstante, es importante resaltar las sabias palabras del filósofo alemán, Nietzsche, recogidas en el texto de Savater: “solo los términos al margen de la historia –en la medida en que tal milagro sea posible- admiten una definición mínimamente convincente. De modo que podemos definir bastante bien qué es el número dos, pero no qué es la democracia o la justicia”. Criterio que podría justificar, al menos en algo, los continuos y ambiguos debates que se han formulado acerca de este tema.

Por otro lado, hay que mencionar que el español inicia su obra haciendo un análisis retrospectivo de la historia humana y su relación con su entorno, especialmente animal. Su primera parte, “Antropología de la libertad”, es un estudio histórico muy escueto, ya que aborda temas aparentemente disimiles, pero que  en el texto se llegan a relacionar de manera casi perfecta. Es el caso de las controversiales y muy polémicas tesis acerca del origen del hombre. Para ello, toma la obra fundamental, denominada “El Hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo”, de Arnold Gehlen, quien hace una observación sobre la imagen que los hombres se hacen de sí mismos y de su rango específico entre los demás seres”.

Es esta retrospectiva la que me permite comprender otros temas como el libre albedrio y la capacidad de razonar, cualidades que diferencian al ser humano de las demás especies existentes en el mundo. Vuelvo a coincidir con Savater cuando hace varias analogías entre los atributos específicos que tienen los animales, como por ejemplo:

“El ojo se convierte en microscopio (aunque a causa de ellos deja de ver a cierta distancia), las extremidades sirven para trepar (aunque no para andar) o para nadar (aunque solo se arrastran fuera del agua), la mandíbula adquiere fuerza trituradora excepcional (aunque ello implique sacrificar a los músculos parte de la capacidad craneal), la zarpa es capaz de aplastar cualquier testuz (aunque no sirve para tocar el piano), etc”.

Analogías que denotan que la aparente desventaja del ser humano, es una ventaja si la sabemos manejar correctamente, debido a que nosotros no somos como las otras especies que “sirven muy bien para lo que sirven pero para nada más”. Los humanos, por el contrario, somos seres desespecializados como dice Michel Serres, que terminamos por hacer todo, utilizando todas nuestras herramientas –no definidas en un solo ámbito- en los diversos campos que la vida nos requiera. Si queremos comer utilizamos la boca, dentadura y lengua, pero si queremos silbar también utilizamos la boca; asimismo, si no somos capaces de soportar un invierno destructor buscamos las formas para trasladarnos a vivir a otro sector donde nuestro cuerpo se adapte plácidamente. Todo ello es actuar, capacidad que según Aristóteles los animales no tienen.

“Actuar no es sólo ponerse en movimiento para satisfacer un instinto, sino llevar a cabo un proyecto que trasciende lo instintivo hasta volverlo irreconocible o suplir su carencia. Las actuaciones tienen  que ver con diseños de situaciones virtuales que no se dan en el presente, con el registro simbólico de posibilidades que no se agotan en el cumplimiento de paradigmas establecidos en el pasado sino que se abren a futuros inéditos e incluso disidentes, La acción está vinculada a la previsión pero también a lo imprevisto: es intentar prever jugando con lo imprevisible y contando con su incertidumbre. El ser activo no sólo obra a causa de la realidad sino que activa la realidad misma, la pone en marcha de un modo que sin él nunca hubiera llegado a ocurrir”.

Volviendo a la coyuntura que ataña a nuestro país, mencionado al inicio de este escrito, y con lo expuesto por el autor líneas más abajo, considero indispensable que las personas asimilemos la innata realidad universal que reside en nosotros: la libertad de acción.

Es precisamente esa libertad la que nos debe guiar a buscar horizontes fructíferos para el bienestar todos (as), es aquí donde  debemos buscar el placer de vivir el día a día, ya que como se dice en el texto: “el placer no es un medio instrumental para conseguir nada, ni siquiera es un fin en sí mismo, sino la evaporación gozosa de la distinción entre fines y medios, sin antes ni después”.

Finalmente, como uno de los tantos ciudadanos que está cansado de un debate que carece de fundamentos y padece de legitimidad, quiero invitar a Gobierno y medios a promulgar un verdadero encuentro de ideas, donde sobresalgan las posturas que mayor asidero social tengan en torno a nuestra libertad, nuestra verdadera libertad, no la que han querido hacernos creer que es… El poder es tuyo… ¡solo actúa!

Eduardo Andino Espinoza