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Alex, ejemplo de vida

Una tarde calurosa, acompañada de una leve brisa que corría por los exteriores de la Universidad de las Américas (UDLA), era el entorno que presentaba el viernes 22 de mayo. En sus afueras, una caseta color cielo, un tanto alejada del bullicio y la aglomeración universitaria, cobijaba al joven Alex Enríquez, vendedor ambulante de 26 años, quien sentado en una silla de ruedas, esperaba sigilosamente la visita de algún cliente que solicitara unos de sus productos.

En Ecuador el 13,2% de personas sufre algún tipo de discapacidad

De repente, llega uno. Le solicita un cigarro y una botella de agua. Alex, de manera temblante y con la ayuda del propio cliente, complace al usuario y le da las gracias por su compra. El joven buhonero, es parte del 13,2 % de ecuatorianos que sufre algún tipo de discapacidad, pues a casusa de haber nacido prematuro, padece de parálisis cerebral.

De lunes a viernes, a partir de las 09h30 am hasta las 22h00 pm, el joven vendedor pone a disposición la venta de chicles, caramelos y demás. Alex, con la ayuda de uno de sus hermanos, salé cada mañana con la misión de cumplir su sueño. Juntar la cantidad de dinero suficiente que le permita realizarse una operación en otro país, pues su anhelo principal, es poder caminar.

Según el  Consejo Nacional de Discapacitados (CONADIS), entidad encargada de velar por el bienestar de las personas que sufren alguna incapacidad, el 6% de  hogares ecuatorianos tiene al menos una persona con discapacidad, lo cual comprendería alrededor de 184.336 familias. De estas, el 8% serían rurales mientras que el 5% serían urbanas.

Repentinamente, llegan sus padres, Fabián Enríquez y Yolanda Reino. El primero, deja ver en su rostro  la sorpresa de encontrar a su hijo dando declaraciones como si fuera una estrella de cine o un jugador de futbol famoso. Mientras que su madre, solo se limita a escuchar las declaraciones de su vástago.

“Más que un vendedor quiero ser un amigo de los universitarios”, expresa. Al preguntarle si alguna vez fue víctima de algún tipo de discrimen por sufrir esta enfermedad, respondió que jamás se ha sentido excluido, puesto que para él, el haber nacido con esta discapacidad no ha sido impedimento para cumplir sus metas. “Yo he hecho lo que he querido. Cuando uno se traza un objetivo, si se puede”, enfatiza.

Sin embargo, el joven soñador tuvo el rechazo de algunas instituciones educativas de la capital. Al tratar de ingresar a la primaria, varias escuelas le negaron el acceso, argumentando que se trataba de una persona “diferente al resto”. “Me dijeron que no, porque era un chico especial, que no era igual al resto ya que no podía movilizarme o ir al baño por mí solo”, afirma. Por esta razón, sus estudios los realizó en la costa, lugar en donde llegó hasta el tercer año de colegio, sin ningún impedimento.

El 6% de familias ecuatorianas tiene alguna persona con discapacidad.

En la actualidad, la Constitución de la República, en su artículo 47, referente a las personas con discapacidad, estipula lo siguiente: “El estado garantizará políticas de prevención de las discapacidades y, de manera conjunta con la sociedad y la familia, procurará la equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad y su integración social”.

 Además de ello, en el numeral cinco del mismo artículo, señala que: “el trabajo en condiciones de igualdad de oportunidades, que fomenten sus capacidades y potencialidades, a través de políticas que permitan su incorporación en entidades públicas y privadas”.

 A pesar de ello, según el programa Empleo sin Barreras, de la Vicepresidencia de la República, solo el 18.3% de los 887.000 discapacitados que se encuentran en edad productiva, cuentan con un trabajo; la mayoría en el sector informal. El resto, es decir el 56%, está en la desocupación. Como consecuencia, la mitad de las personas con discapacidad viven en situación de pobreza.

“Somos una familia especial. Toda la vida ha sido una satisfacción tener un hijo así”, exterioriza su padre, quien además, dice sentirse orgulloso por la fortaleza de su hijo. Por otro lado, su madre, de manera un tanto recelosa, solicita la ayuda a estudiantes y autoridades de la vecina universidad, con la finalidad de que puedan colaborar para cumplir el sueño de su hijo.

El crepúsculo ha llegado, la tarde calurosa se transforma en ráfagas de viento que recorren los alrededores de la casona universitaria. Alex, por su parte, continúa sentado, con la única diferencia de que su fe se ha incrementado, pues resalta la importancia de que estudiantes y autoridades de la UDLA puedan conocer su realidad y apoyarlo en la conquista de su quimera. “Ayúdenme a cumplir mi sueño. No importa las circunstancias o como este uno, lo importante es tener fe, convicción y lograrlo que si se puede”, concluye.


De repente, llega uno. Le solicita un cigarro y una botella de agua. Alex, de manera temblante y con la ayuda del propio cliente, complace al usuario y le da las gracias por su compra. El joven buhonero, es parte del 13,2 % de ecuatorianos que sufre algún tipo de discapacidad, pues a casusa de haber nacido prematuro, padece de parálisis cerebral.

De lunes a viernes, a partir de las 09h30 am hasta las 22h00 pm, el joven vendedor pone a disposición la venta de chicles, caramelos y demás. Alex, con la ayuda de uno de sus hermanos, salé cada mañana con la misión de cumplir su sueño. Juntar la cantidad de dinero suficiente que le permita realizarse una operación en otro país, pues su anhelo principal, es poder caminar.

Según el  Consejo Nacional de Discapacitados (CONADIS), entidad encargada de velar por el bienestar de las personas que sufren alguna incapacidad, el 6% de  hogares ecuatorianos tiene al menos una persona con discapacidad, lo cual comprendería alrededor de 184.336 familias. De estas, el 8% serían rurales mientras que el 5% serían urbanas.

Repentinamente, llegan sus padres, Fabián Enríquez y Yolanda Reino. El primero, deja ver en su rostro  la sorpresa de encontrar a su hijo dando declaraciones como si fuera una estrella de cine o un jugador de futbol famoso. Mientras que su madre, solo se limita a escuchar las declaraciones de su vástago.

“Más que un vendedor quiero ser un amigo de los universitarios”, expresa. Al preguntarle si alguna vez fue víctima de algún tipo de discrimen por sufrir esta enfermedad, respondió que jamás se ha sentido excluido, puesto que para él, el haber nacido con esta discapacidad no ha sido impedimento para cumplir sus metas. “Yo he hecho lo que he querido. Cuando uno se traza un objetivo, si se puede”, enfatiza.

Sin embargo, el joven soñador tuvo el rechazo de algunas instituciones educativas de la capital. Al tratar de ingresar a la primaria, varias escuelas le negaron el acceso, argumentando que se trataba de una persona “diferente al resto”. “Me dijeron que no, porque era un chico especial, que no era igual al resto ya que no podía movilizarme o ir al baño por mí solo”, afirma. Por esta razón, sus estudios los realizó en la costa, lugar en donde llegó hasta el tercer año de colegio, sin ningún impedimento.

En la actualidad, la Constitución de la República, en su artículo 47, referente a las personas con discapacidad, estipula lo siguiente: “El estado garantizará políticas de prevención de las discapacidades y, de manera conjunta con la sociedad y la familia, procurará la equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad y su integración social”.

Además de ello, en el numeral cinco del mismo artículo, señala que: “el trabajo en condiciones de igualdad de oportunidades, que fomenten sus capacidades y potencialidades, a través de políticas que permitan su incorporación en entidades públicas y privadas”.

A pesar de ello, según el programa Empleo sin Barreras, de la Vicepresidencia de la República, solo el 18.3% de los 887.000 discapacitados que se encuentran en edad productiva, cuentan con un trabajo; la mayoría en el sector informal. El resto, es decir el 56%, está en la desocupación. Como consecuencia, la mitad de las personas con discapacidad viven en situación de pobreza.

“Somos una familia especial. Toda la vida ha sido una satisfacción tener un hijo así”, exterioriza su padre, quien además, dice sentirse orgulloso por la fortaleza de su hijo. Por otro lado, su madre, de manera un tanto recelosa, solicita la ayuda a estudiantes y autoridades de la vecina universidad, con la finalidad de que puedan colaborar para cumplir el sueño de su hijo.

El crepúsculo ha llegado, la tarde calurosa se transforma en ráfagas de viento que recorren los alrededores de la casona universitaria. Alex, por su parte, continúa sentado, con la única diferencia de que su fe se ha incrementado, pues resalta la importancia de que estudiantes y autoridades de la UDLA puedan conocer su realidad y apoyarlo en la conquista de su quimera. “Ayúdenme a cumplir mi sueño. No importa las circunstancias o como este uno, lo importante es tener fe, convicción y lograrlo que si se puede”, concluye.

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Categorías:Crónicas
  1. julio 8, 2011 en 2:20 am

    ES UNA CRÓCICA HERMOSA. ES BUENO QUE ESTA PÁGINA ADEMÁS DE INFORMAR MUESTRE EJEMPLOS DE VIDA.

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